Nanopartículas capaces de engañar al cuerpo para que no rechace un órgano trasplantado

Usando nanopartículas, unos investigadores han desarrollado un sistema de suministro de fármacos que podría reducir las complicaciones en los trasplantes de órganos al hacer que el tejido donado quede oculto ante el sistema inmunitario del receptor y evite así ser atacado por dicho sistema.

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Los trasplantes de órganos son capaces de salvar muchas vidas cada año. Sin embargo, a pesar de los notables avances en este campo, el rechazo a corto y largo plazo sigue siendo un riesgo (las tasas de rechazo varían dependiendo del tipo de órgano). El riesgo de rechazo es incluso más alto cuando el donante ha fallecido, debido a daños en el órgano.

Las células T, glóbulos blancos que identifican y atacan a cuerpos extraños dentro de nuestro organismo, son uno de los principales culpables del rechazo de órganos. Los más potentes, conocidos como linfocitos T de memoria efectora, son activados por un grupo de proteínas llamadas antígenos leucocitarios humanos (HLAs por sus siglas en inglés) sobre la superficie de las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos del órgano donado.

Los investigadores pueden silenciar las proteínas con pequeños ARNs de interferencia (siRNA), un tipo de ARN de doble cadena que impide la expresión de los genes elegidos. Sin embargo, cuando son suministrados de forma convencional, los efectos de los siRNA duran solo unos pocos días. Un órgano trasplantado de un donante fallecido necesita normalmente semanas para "curarse" y reducir el riesgo de rechazo. Los siRNA pueden también causar efectos secundarios en las células endoteliales de otros órganos, que no necesitan tratamiento, al ser administrados a todo el cuerpo.

Los trasplantes de órganos son capaces de salvar muchas vidas cada año. Sin embargo, a pesar de los notables avances en este campo, el rechazo a corto y largo plazo sigue siendo un riesgo (las tasas de rechazo varían dependiendo del tipo de órgano). El riesgo de rechazo es incluso más alto cuando el donante ha fallecido, debido a daños en el órgano.

Las células T, glóbulos blancos que identifican y atacan a cuerpos extraños dentro de nuestro organismo, son uno de los principales culpables del rechazo de órganos. Los más potentes, conocidos como linfocitos T de memoria efectora, son activados por un grupo de proteínas llamadas antígenos leucocitarios humanos (HLAs por sus siglas en inglés) sobre la superficie de las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos del órgano donado. Los investigadores pueden silenciar las proteínas con pequeños ARNs de interferencia (siRNA), un tipo de ARN de doble cadena que impide la expresión de los genes elegidos.

Sin embargo, cuando son suministrados de forma convencional, los efectos de los siRNA duran solo unos pocos días. Un órgano trasplantado de un donante fallecido necesita normalmente semanas para "curarse" y reducir el riesgo de rechazo. Los siRNA pueden también causar efectos secundarios en las células endoteliales de otros órganos, que no necesitan tratamiento, al ser administrados a todo el cuerpo.

Fuente: Noticias de la Ciencia